En el marco del Día del Urbanismo 2025, Francisco Vergara, Director del Núcleo de Investigación del Centro de Producción del Espacio de la Universidad de Las Américas, plantea un enfoque radicalmente diferente hacia las ciudades chilenas. Vergara argumenta que es esencial abandonar el tradicional plano neutro de un urbanismo normativo y prestar atención a la desigualdad espacial a través de la lente de la seguridad alimentaria. En su análisis, revela cómo el acceso a la alimentación y la nutrición se ve afectado no solo por la distancia física, sino también por la interacción diaria en espacios como ferias, supermercados y barrios. Este enfoque desafía los mapas convencionales de segregación y propone una mirada más compleja y matizada sobre cómo se distribuye la alimentación en las ciudades.
Vergara avanza en su propuesta al introducir el concepto de «ciudad nutritiva», que considera la interrelación entre producción, distribución y consumo de alimentos como una cuestión de justicia espacial. Este enfoque invoca la necesidad de un marco urbano que integre la gobernanza alimentaria en la planificación de las ciudades. Al abordar el clima actual de desigualdad, sugiere que el metabolismo alimentario no puede ser visto aisladamente, sino que debe ser considerado un eje central en el urbanismo contemporáneo, atendiendo a un derecho fundamental: el acceso a una alimentación adecuada y accesible.
El proyecto «Cómete-tu-ciudad» (Eat-your-city) es una de las propuestas más audaces que emergen de la visión de Vergara. Esta iniciativa busca rediseñar las ciudades de tal manera que se impulse el acceso y la calidad de la alimentación a nivel comunitario. El director destaca la importancia de proteger y fortalecer activos comunitarios como las ollas comunes y las ferias libres, entendidos como infraestructura social de bajo costo y alto impacto. Al hacerlo, espera fomentar la cohesión social y la nutrición adecuada en los barrios, a la vez que se cuestionan los circuitos modernos de provisión que, en su afán por ser eficientes, podrían estar despojando a la experiencia del comer de su valor afectivo y comunitario.
Además, Vergara alerta sobre la influencia negativa que tienen las cadenas multinacionales en la seguridad alimentaria local. El proceso de financiarización de los servicios de comercio barrial se traduce en una presión para que los locales de barrio reorienten su enfoque hacia la rentabilidad en lugar de priorizar la reproducción social y alimenticia. La transformación de las ciudades en «ciudades-portafolio» podría amenazar no solo la cohesión social, sino también la capacidad de las comunidades para decidir sobre su propio acceso a los alimentos. Este dilema exige una integración más profunda entre el urbanismo y la seguridad alimentaria, planteando un desafío fundamental a la planificación urbana en el futuro.
Finalmente, el trabajo de Francisco Vergara propone un llamado a la acción que involucra a todos los actores sociales en la creación de un entorno urbano más justo y nutritivo. La articulación de regulaciones, infraestructuras y cuidados en el plano de la alimentación puede generar un cambio significativo en la forma en que los ciudadanos experimentan su ciudad. En este sentido, su visión invita a ensayar nuevas prácticas urbanas que permitan leer la diversidad de realidades urbanas y, así, transformar las ciudades chilenas en espacios en los que cada barrio pueda literalmente «comerse su ciudad», asegurando un futuro donde el derecho a la alimentación se convierta en una realidad palpable para todos.











