Renovación energética en viviendas: clave para el futuro

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A medida que el ritmo de la renovación energética se acelera, surge la incertidumbre sobre si el sector de la vivienda puede cumplir con los ambiciosos objetivos del Acuerdo de París. Este pacto, ratificado en 2015, tiene como meta limitar el calentamiento global a un aumento de 2 °C, preferentemente a 1,5 °C. Actualmente, se estima que el sector residencial-terciario es responsable del 23% de la huella de carbono de Francia, lo que subraya la urgencia de adoptar medidas significativas. Se ha calculado que más de la mitad de las viviendas renovadas cada año deben alcanzar la clase A en eficiencia energética para contribuir efectivamente a estas restricciones, lo que se complica aún más por el recorte de mil millones de euros en el presupuesto público para 2025 en ayudas a la renovación, comparado con 2024.

Para comprender el estado actual del sector de la vivienda en Francia, es necesario realizar un diagnóstico. En el país existen aproximadamente 30 millones de viviendas principales, de las cuales el 56% son casas individuales y el 44% apartamentos. De acuerdo con el diagnóstico de rendimiento energético (DPE), solo un 2% de estas viviendas alcanza la clase A, evidenciando una gran proporción que es altamente ineficiente. En términos de eficiencia energética, el 32% se sitúa en la clase D, mientras que una cantidad considerable está clasificada en E (23%), F (10%) y G (7%). Esta situación plantea serios desafíos para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) dentro del marco del Acuerdo de París.

Las emisiones de GEI de las viviendas francesas alcanzan aproximadamente 60 millones de toneladas de CO₂ equivalente por año, lo que se traduce en casi una tonelada por habitante. Tal cifra plantea la pregunta sobre su compatibilidad con el presupuesto de carbono establecido por investigadores del IPCC. Este presupuesto global asciende a 250 mil millones de toneladas de CO₂ y, proporcionalmente, le corresponde a Francia alrededor de dos mil millones de toneladas. Dado que las viviendas representan el 15% de la huella de carbono del país, se estima que su presupuesto específico es de 300 millones de toneladas. Sin embargo, a este ritmo actual de emisiones, se agotaría en apenas cinco años, lo que exige una transformación inmediata del sector residencial.

Para abordar este desafío, se han explorado ejemplos de viviendas que producen más energía de la que consumen, sirviendo de modelo para las futuras renovaciones. Un caso destacado es un proyecto en Pont-de-Barret, donde se ha logrado un alto nivel de aislamiento, minimizando así las necesidades de calefacción y produciendo electricidad mediante un sistema fotovoltaico. Este tipo de construcciones, acompañadas por el uso de materiales biológicos, son viables y económicamente accesibles. Sin embargo, en el caso de los edificios existentes, se requieren renovaciones integrales masivas que no solo aíslen, sino que también utilicen sistemas de calefacción eficiente. La planificación a largo plazo es esencial, dado que se estima que la renovación de los 30 millones de viviendas en Francia no podrá realizarse en menos de 42 años.

A pesar de las dificultades, los expertos destacan que aún es posible lograr una renovación efectiva y sostenible. Sería necesario un plan operativo que contemple la renovación de 400,000 viviendas al año hacia la clase A de eficiencia. Esto representa un gran desafío que abarca desde la capacitación de la mano de obra hasta la gestión de fondos públicos. Sin embargo, el costo de las renovaciones y la creciente precariedad energética impulsadas por el cambio climático requieren acciones urgentes. Las olas de calor más intensas y los riesgos asociados a un mundo con un calentamiento de un grado y medio ya están presentes, lo que hace que la renovación y el aislamiento eficiente sean no solo deseables, sino absolutamente necesarios para asegurar un futuro habitable.