La combinación de precipitaciones históricamente bajas, la expansión del programa de biocombustibles y las reservas de azúcar en mínimos de tres décadas han colocado a India, el segundo exportador mundial de azúcar, en una posición compleja que ya afecta los precios internacionales y el abastecimiento en regiones como Asia, África y Medio Oriente. Durante las cinco temporadas que concluyeron en 2022-2023, India exportó un promedio de 6,8 millones de toneladas métricas de azúcar, equivalentes a cerca del 10% de los embarques globales, pero esta participación ha caído drásticamente en la temporada actual. Tras despachar aproximadamente 800.000 toneladas, el gobierno de Nueva Delhi tomó la decisión de prohibir las exportaciones de azúcar hasta el 30 de septiembre, marcando un cierre abrupto del ciclo productivo. Este cambio no parece ser temporal, ya que las proyecciones indican que las restricciones podrían extenderse en el futuro.
El fenómeno meteorológico del El Niño ha tenido un impacto directo en la producción de azúcar, proyectando el monzón más débil en más de una década. Las precipitaciones de junio han acumulado un déficit superior al 40% respecto a la media histórica, lo cual ha llevado a muchos agricultores a reconsiderar sus cultivos. Sambhaji Patil, un productor de Maharashtra, ha optado por sembrar soja en lugar de caña de azúcar debido a la inminente escasez de agua. Asimismo, las autoridades han promovido la transición hacia cultivos menos demandantes de agua, lo que podría resultar en una disminución considerable en la superficie sembrada de caña y, por ende, en la disponibilidad de la materia prima para la producción de azúcar en los próximos años. Las previsiones apuntan a una reducción de la producción a 27,9 millones de toneladas, un nivel insuficiente para cubrir el consumo interno estimado.
El crecimiento de la demanda de etanol en India también juega un papel crucial en la reorientación de la industria azucarera. El gobierno ha implementado políticas para reducir la dependencia del petróleo importado, promoviendo la mezcla de etanol con gasolina y aumentando la producción de vehículos de combustible flexible. Las proyecciones indican que la demanda de etanol podría más que duplicarse en la próxima década, con estimaciones que la sitúan en alrededor de 30.000 millones de litros hacia 2039-2040. Esta creciente demanda de etanol se refleja en la eliminación del impuesto a la producción de gasolina con alto contenido de etanol, lo que ha incentivado tanto a fabricantes de automóviles como a productores de motocicletas a invertir en tecnología de combustible flexible. Esta tendencia indica que el enfoque del gobierno estará más alineado con la producción de etanol que con la exportación de azúcar.
Los cambios en la política azucarera de India están comenzando a tener un efecto notable en el mercado global, elevando la tensión en el abastecimiento de azúcar para los importadores en Asia, África y Medio Oriente. El aumento de los precios de referencia en las bolsas de Londres y Nueva York refleja la incertidumbre del mercado, exacerbada por el hecho de que Brasil, el mayor exportador mundial, también está dirigiendo una proporción creciente de su producción de caña hacia el etanol. Con Tailandia enfrentando desafíos por las condiciones del El Niño, el panorama sugiere una posible disrupción en el flujo del azúcar global, llevando a la posibilidad de que India tenga que recurrir a la importación de azúcar, un cambio significativo para el país que no se registraba desde las temporadas 2016-2018.
Mohan Narang, director de K.S. Commodities en Nueva Delhi, advierte que si las condiciones del El Niño se agravan y la demanda de etanol sigue en aumento, India podría enfrentar no solo una reducción total en las exportaciones de azúcar, sino que, en el peor de los casos, se transformaría en un importador neto en los próximos años. Este escenario pone en relieve la fragilidad de la economía agrícola india, que podría verse comprometida al depender de importaciones en un mercado ya saturado, lo que podría tener repercusiones globales en la estabilidad de los precios del azúcar. Así, las decisiones actuales de política agrícola se vuelven críticas para asegurar un futuro sostenible para los productores y consumidores de azúcar en todo el mundo.










