La diplomacia marítima ha visto transformaciones significativas a lo largo de la historia, marcando un camino hacia una gobernanza más inclusiva y efectiva. Con la apertura de la 3ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre los océanos (Unoc 3) en Niza el 9 de junio de 2025, se vislumbra un momento crucial para la comunidad internacional. La conferencia, organizada por Francia y Costa Rica, reúne a una vasta cantidad de Estados y expertos para discutir la gestión sostenible de los océanos, un tema que ha cobrado relevancia ante la creciente crisis climática. En este contexto, es esencial que los líderes mundiales no solo presenten declaraciones sobre la protección de los océanos, sino que se comprometan a desarrollar un marco legal sólido que regule su uso y conservación.
Históricamente, la gobernanza de los océanos se centraba en la defensa de los intereses nacionales, construyendo un derecho internacional basado en normas de soberanía marítima que se consolidaron en las décadas de 1970 y 1980. Sin embargo, los crecientes desafíos ambientales han llevado a una evolución hacia un enfoque más cooperativo y multidimensional que integra a estados, organizaciones internacionales y la sociedad civil. Este cambio es necesario para abordar eficazmente cuestiones como la sobreexplotación de recursos, la contaminación y los impactos del cambio climático, que no conocen fronteras y requieren esfuerzos concertados a nivel global.
En este contexto, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) se erige como un hito fundamental en la diplomacia oceánica, estableciendo las bases jurídicas para la explotación y conservación de los océanos. Adoptada en 1982 y vigente desde 1994, la CNUDM ha sido instrumental en la creación de entidades como la Autoridad de los Fondos Marinos, diseñada para regular los recursos en áreas marinas más allá de las jurisdicciones nacionales. Sin embargo, a pesar de su impacto, el cumplimiento de sus disposiciones ha sido desigual, lo que enfatiza la necesidad de fortalecer el marco legal para garantizar una gobernanza más efectiva.
El avance hacia un ‘nuevo derecho de los océanos’ parece ser una tendencia emergente frente a las limitaciones del enfoque actual, que ha estado fundamentado en compromisos más simbólicos que vinculantes. La urgente necesidad de adoptar acuerdos específicos, como el tratado sobre la conservación de la biodiversidad marina en áreas fuera de la jurisdicción nacional, pone de relieve la importancia de actuar colectivamente para preservar los ecosistemas marinos. La Unoc 3 debe servir como un catalizador para que los Estados reafirmar sus compromisos en cuanto a la sostenibilidad de los océanos y fortalecen la cooperación internacional en esta área crítica.
Con la mirada puesta en la conferencia de Niza, el mundo observa cómo los líderes globales gestionar un tema que trasciende las políticas nacionales y afecta a las generaciones futuras. A medida que el unilateralismo y las acciones unilaterales continúan planteando desafíos, el éxito de la Unoc 3 dependerá de la capacidad de los Estados para trabajar juntos y consolidar un marco jurídico que priorice la salud del océano por encima de los intereses individuales. Los resultados de esta conferencia podrían definir el futuro de la gobernanza marítima y su capacidad para enfrentarse a los retos globales que amenazan nuestros océanos.










