Fertilización de océanos con hierro: ¿una solución viable?

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En un mundo chaque vez más preocupado por el cambio climático, la propuesta de fertilizar los océanos con hierro para estimular el crecimiento del fitoplancton ha ganado atención. La idea, que data de la década de 1990, sugiere que al añadir hierro a las aguas del océano, se podría desencadenar un florecimiento de estas microalgas, las cuales desempeñan un papel crucial en la captura de dióxido de carbono (CO₂) atmosférico. Promovida por diversas startups como una forma de «bioingeniería» climática, esta estrategia promete ser una alternativa atractiva y económica frente a métodos más costosos de captura de carbono. Sin embargo, expertos advierten que la implementación de esta idea podría tener consecuencias ecológicas significativas que aún no comprenden del todo.

Las alarmantes concentraciones de CO₂ en la atmósfera, que han alcanzado niveles sin precedentes, han impulsado la búsqueda de soluciones efectivas para mitigar el calentamiento global. Entre estas, las técnicas oceánicas han cobrado protagonismo, presentándose como un enfoque menos costoso en comparación con la captura directa de carbono del aire. El principio detrás de esta alternativa es simple: el fitoplancton, al realizar la fotosíntesis, no solo captura CO₂, sino que también libera oxígeno, contribuyendo a la producción de casi la mitad del oxígeno que respiramos. A pesar de su atractivo económico, la fertilización del océano con hierro plantea interrogantes acerca de su viabilidad y sostenibilidad a largo plazo.

El fitoplancton actúa como una potente bomba biológica, transportando carbono hacia las profundidades oceánicas a través de un proceso conocido como «nieve marina». Investigaciones han demostrado que, a lo largo de los años, este mecanismo ha permitido almacenar aproximadamente 1.300 gigatoneladas de carbono en los océanos, ayudando a mantener niveles de CO₂ más bajos en la atmósfera. Sin embargo, el funcionamiento efectivo de esta bomba biológica depende de la disponibilidad de nutrientes, siendo el hierro un micronutriente esencial. El oceanógrafo John Martin fue pionero en la «hipótesis del hierro», señalando la posibilidad de que el crecimiento del fitoplancton en ciertos océanos esté limitado por esta carencia.

Numerosos experimentos a pequeña escala han sugerido que incluso una tonelada de hierro puede capturar entre 30,000 y 110,000 toneladas de CO₂, y un estudio realizado en 2023 proyectó que la introducción de entre uno y dos millones de toneladas de hierro anualmente podría capturar hasta 45 mil millones de toneladas de CO₂ para el año 2100. Sin embargo, estas cifras optimistas contrastan con los riesgos ecológicos potenciales. La fertilización masiva del océano podría interferir con las redes tróficas marinas, amenazar la biodiversidad y ocasionar proliferaciones de algas tóxicas, lo que llevó a que esta práctica se prohibiera con fines comerciales en 2013.

En medio de esta controversia, algunas empresas han manifestado su interés en reactivar el proyecto de fertilización oceánica, atraídas por la posibilidad de obtener créditos de carbono a bajo costo. Sin embargo, la comunidad científica enfatiza la necesidad de llevar a cabo evaluaciones exhaustivas sobre los riesgos ambientales antes de proceder con experimentos de gran escala. La disponibilidad de hierro y su eficacia en la estimulación del fitoplancton son cuestiones clave que deben abordarse antes de avanzar. A medida que los océanos continúan absorbiendo aproximadamente el 30% de nuestras emisiones de CO₂, es crucial que las estrategias de mitigación sean responsables y estén basadas en rigurosos estudios científicos, recordando que el océano no es inagotable.