El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, que se conmemora cada 17 de junio, adquiere un significado especial para Chile. Desde 2010, el país experimenta una megasequía que se ha convertido en la más prolongada de su registro meteorológico, con efectos tan implicantes que algunos estudios de anillos de árboles sugieren que podríamos estar viviendo la sequía más larga en mil años. Este déficit significativo de lluvias ha llevado a que una cuarta parte del territorio chileno esté actualmente en alto riesgo de desertificación, según las estimaciones de la Corporación Nacional Forestal (CONAF). La situación no solo es alarmante, sino que también subraya la necesidad de una respuesta inmediata y fundamentada en la ciencia para mitigar sus efectos.
La ciencia y la tecnología juegan un papel crucial en la comprensión y el manejo de esta crisis hídra. Gracias a herramientas como la teledetección, podemos observar los cambios en la vegetación y prever el estrés hídrico de los cultivos antes de que se hagan evidentes a simple vista. Sensores térmicos y satélites, como los gemelos GRACE, permiten medir la evaporación del agua y calcular la cantidad de agua subterránea disponible, lo cual es esencial para la planificación agrícola y la gestión de recursos hídricos. Estas innovaciones científicas proporcionan datos valiosos y alertas que informan las decisiones de quienes deben enfrentar la escasez de agua.”},{











