Lejos del estereotipo del tiburón como un animal devorador y peligroso para el ser humano, la realidad es que estos escualos son más una presa que un depredador en el contexto de la interacción con los humanos. A menudo, son capturados por sus aletas, que se consideran un recurso valioso para las comunidades costeras, y su explotación se ha convertido en un tema de creciente preocupación global. La pesca ilegal y el tráfico de drogas que involucran a los tiburones desenmascaran una compleja red de criminalidad en los océanos, lo que subraya el dilema ético en torno a la sostenibilidad de estas prácticas. Además, los tiburones son criaturas fascinantes y enigmáticas que aún desafían la comprensión científica, siendo mucho más que los temibles depredadores que la cultura popular suele retratar.
A medida que el comercio de aletas de tiburón se convierte en un importante tema de conversación a nivel internacional, se ha visto que su demanda no se limita únicamente a Asia, a pesar de que este continente representa la mayor parte del mercado. Países como Tailandia, Vietnam y Japón también están en el mapa del comercio de aletas, revelando la dispersión de la problemática. Las flotas de pesca de varios países, incluido España, acceden a través de acuerdos de asociación pesquera a las Zonas Económicas Exclusivas de África, lo que subraya la falta de regulación efectiva en ciertas áreas. La pesca puede ser legal, pero las prácticas de extracción siguen eludiendo de alguna manera las normativas al ser adaptadas a un sistema más complejo y globalizado.
A nivel regional, Costa Rica emerge como un actor significativo en el comercio de tiburones, aunque enfrenta desafíos en la regulación y prácticas de pesca. A medida que el peso del comercio ilegal de aletas de tiburón hacia Asia crece, se ha confirmado que las incautaciones en ciertas zonas, como el Pacífico tropical oriental y el golfo de Guinea, han aumentado alarmantemente en volumen. Sin embargo, el fenómeno del ‘finning’, que consiste en cortar las aletas y desechar el resto del tiburón al mar, ha disminuido drásticamente gracias a las regulaciones y una mayor conciencia pública. Esta transición hacia la pesca más sostenible es crucial para garantizar la supervivencia de las especies de tiburones y el equilibrio del ecosistema marino.
Contrario a la creencia popular de que los tiburones son extraídos principalmente por sus aletas, se ha observado que, aunque el valor de la carne de tiburón es considerablemente menor, su consumo se ha vuelto vital para numerosas comunidades. En regiones de América Latina, la carne de tiburón es uno de los pescados más asequibles, proveyendo una fuente importante de proteínas a poblaciones vulnerables. Sin embargo, la intersección entre la pesca de tiburones y el tráfico de drogas ha revelado un nuevo aspecto de la criminalidad organizada, donde los narcotraficantes utilizan la pesca como una fachada para actividades más ilícitas. Este desarrollo presenta un desafío adicional, complicando los esfuerzos para regular la captura de tiburones y gestionar sosteniblemente los recursos marinos.
El tema de los tiburones también toca la vida cotidiana de aquellos que, sin saberlo, pueden estar consumiendo carne de tiburón en platos locales. A pesar de que el consumo de aletas de tiburón es un conocido tabú, el tiburón se presenta con frecuencia en la gastronomía regional, a veces camuflado en ceviches y otros platos típicos. Hay una desconexión notable entre la percepción del tiburón como un peligroso depredador y su realidad como alimento en diversas comunidades. Con los barcos de pesca moviéndose cada vez más hacia áreas protegidas como las Galápagos, es crucial aumentar la conciencia sobre la situación crítica de los tiburones y trabajar hacia una pesca más ética y respetuosa con el ecosistema marino.










