El 17 de enero de 2026 marcará un hito en la gobernanza oceánica global con la entrada en vigor del Tratado de la ONU sobre Biodiversidad Marina más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ). Este acuerdo establece, por primera vez, reglas vinculantes para la conservación de la biodiversidad marina en áreas de alta mar, que se extienden más allá de las 200 millas náuticas de las costas. Hasta la fecha, estas vastas zonas oceánicas carecían de un marco regulatorio sólido, lo que representaba un vacío significativo en la gestión sostenible de los recursos marinos. La ONG que apoya la conservación del océano considera este tratado como una respuesta necesaria ante los desafíos del cambio climático y la sobreexplotación de los recursos marinos.
La Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) ha expresado su optimismo sobre el tratado, destacando que su entrada en vigor representa un cambio significativo en la forma en que se regula la explotación y conservación de los ecosistemas marinos. El Dr. Iván Hinojosa ha comentado que este tratado propone un enfoque más cohesivo y preventivo en la protección de la alta mar, permitiendo, entre otros aspectos, la creación de áreas marinas protegidas y la realización de evaluaciones de impacto ambiental. Esta nueva normativa busca anticipar impactos negativos antes de que sean irreversibles, promoviendo así un uso sostenible de los recursos marinos.
Desde la perspectiva del derecho internacional, el tratado BBNJ rompe con el discurso tradicional establecido por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, al ofrecer herramientas para la protección real de espacios oceánicos no sujetos a jurisdicciones nacionales. La académica Carla Chovar resalta que este acuerdo no solo aumenta la superficie marina protegida, sino que también establece nuevas instancias de gobernanza como la Conferencia de las Partes (COP) y comités destinados a asegurar el cumplimiento y la implementación efectiva de sus normativas. La creación de estas estructuras es fundamental para integrar la ciencia y el conocimiento en la toma de decisiones, un paso que podría redefinir el futuro de la gestión oceánica.
Los retos que enfrenta la alta mar son significativos: desde la contaminación y el ruido submarino, hasta la bioprospección y la minería en aguas profundas. El Dr. Hinojosa enfatiza que el tratado ofrece un marco preventivo esencial para abordar estas amenazas. La inclusión de principios como el de quien contamina paga y la necesidad de cooperación internacional refuerzan la idea de que los océanos son un bien común de la humanidad que requiere una gestión cuidadosa y equitativa. Estos esfuerzos tienen un particular significado para los países en vías de desarrollo, donde el acceso y uso de los recursos marinos puede ser un motor de crecimiento.
Para Chile, un país con una de las extensiones marítimas más grandes del mundo, la ratificación del tratado BBNJ representa tanto un desafío como una oportunidad. Los académicos de UCSC señalan que, además de la posibilidad de contribuir a océanos más saludables, esto podría impactar positivamente en el bienestar de las comunidades costeras y en la provisión de alimentos. La implicación de este tratado en políticas públicas y financiamiento puede llevar a Chile a convertirse en un referente en la investigación marina y la tecnología náutica, siendo las universidades claves en este proceso. Así, con la inminente entrada en vigor del Tratado BBNJ, se inicia un nuevo capítulo en la protección de la biodiversidad marina, uniendo esfuerzos globales en pro de la conservación y sostenibilidad.











