Hidrógeno Verde en Chile: La Oportunidad que Se Escapa

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Mientras el Ministerio de Energía de Chile se preparaba en julio para implementar un decreto de racionamiento energético —el primero desde 2021— debido a la creciente escasez hídrica y la falta de funcionamiento de centrales eléctricas clave, el país mantiene una imagen de potencias en la producción de hidrógeno verde. Con más de 70 proyectos en desarrollo y una proyección de inversión que podría alcanzar los 45.000 millones de dólares hasta 2030, esta aparente contradicción pone de manifiesto una desconexión estructural que Chile ha postergado durante años. La situación refuerza la necesidad urgente de reconciliar las promesas del hidrógeno verde con la realidad de un sistema eléctrico vulnerable.

El atractivo del hidrógeno verde para Chile se ha basado históricamente en la abundancia de recursos renovables, especialmente el sol y el viento, lo que permite una generación de electricidad a bajo costo. Sin embargo, este argumento, aunque correcto, se revela como incompleto; la existencia de recursos no garantiza un sistema eléctrico robusto y confiable. El evento de crisis eléctrica en julio de 2023 subrayó esta realidad al evidenciar que la dependencia de la generación hidroeléctrica, que sigue siendo fundamental, es cada vez más incierta debido a factores climáticos como El Niño, que han alterado los patrones de precipitaciones.

La dependencia de Chile de los combustibles fósiles es alarmante, ya que el país importa casi todo el petróleo, carbón y gas natural que consume, constituyendo más de la mitad de su energía primaria. Además, la infraestructura de transmisión eléctrica, las conocidas «autopistas eléctricas», se encuentra rezagada respecto al rápido crecimiento de los parques solares y eólicos. Este desfase crea una situación paradójica: mientras hay un exceso de energía limpia durante las horas de sol, el sistema carece de mecanismos para mover, almacenar o respaldar esa energía cuando el recurso natural no está disponible, resultando en un considerable despilfarro de generación renovable.

El debate sobre el hidrógeno verde en Chile ha girado en torno a la cuestión de costo, pero esta visión limita la comprensión del verdadero desafío. Para que la electrólisis —el proceso clave en la producción de hidrógeno verde— sea viable, no basta con tener energía a bajo costo. Es fundamental contar con un suministro energético fiable y constante a largo plazo, que actualmente, dada la inestabilidad de la matriz energética, es incierto. La certeza en el suministro es lo que realmente puede determinar el éxito de los proyectos de hidrógeno, mientras que la fluctuación de precios juega un papel secundario.

La fragilidad del sistema eléctrico chileno resalta una oportunidad crítica que se está desaprovechando. La energía renovable que actualmente se está vertiendo podría servir como insumo para impulsar la producción de hidrógeno verde si se integra adecuadamente. Ubicar electrolizadores cerca de instalaciones solares con exceso de generación podría permitir configurar un modelo sostenible sin competencia por energía costosa. La introducción de una nueva Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde para 2026-2030, que priorice la demanda interna y el desarrollo industrial, es un paso hacia la dirección correcta. Sin embargo, hasta que se resuelvan las deficiencias en transmisión y la resiliencia hídrica del sistema eléctrico, cualquier plan de hidrógeno estará basado en fundamentos inestables, reflejando la necesidad de abordar ambos desafíos juntos como un esfuerzo integral.