El uso de drones en África ha crecido exponencialmente en los últimos años, impulsado por la necesidad de mejorar el acceso a servicios esenciales en regiones remotas. Estos vehículos aéreos no tripulados, que inicialmente se desarrollaron para aplicaciones como la vigilancia y la fotografía, están demostrando su valía en la entrega de medicamentos y suministros vitales. Compañías como Zipline y Wingcopter están liderando este cambio, realizando transportes en países como Ruanda y Ghana. Sin embargo, un aspecto menos conocido de su operación es su capacidad para recoger datos meteorológicos fundamentales durante sus vuelos, un recurso que podría ser invaluable en un continente que enfrenta desafíos climáticos cada vez más severos.
La crisis de datos meteorológicos es aguda en África, que cuenta con una infraestructura limitada para la observación del clima. A pesar de que la población africana es comparable a la de Estados Unidos y la UE, el continente apenas dispone de 37 radares meteorológicos. Este déficit no solo se debe a la falta de inversión, sino también a la dificultad de acceso a datos meteorológicos y a la escasez de recursos técnicos. En este sentido, la implementación de drones como herramientas de recolección de datos podría ser una solución innovadora para abordar la inseguridad alimentaria y la gestión de riesgos climáticos que afectan a millones de personas en la región.
Los datos recopilados por los drones, conocidos como «recogida oportunista», se han convertido en un recurso valioso para complementar la información meteorológica existente. Zipline ha iniciado la recopilación de datos meteorológicos durante sus entregas desde 2017, alcanzando ya más de mil millones de puntos de datos. Esta información, si se comparte con las agencias meteorológicas, puede ayudar a cerrar las brechas en las redes de observación de tierra, particularmente en las áreas rurales, donde la falta de estaciones de monitoreo es un problema persistente. Los drones de entrega se están convirtiendo no solo en vehículos de ayuda humanitaria, sino también en instrumentos cruciales para la mejora de la previsión meteorológica.
Aparte de las grandes empresas, iniciativas locales están surgiendo en varios países africanos que buscan democratizar el uso de tecnología de drones. En Malaui, proyectos universitarios han comenzado a desarrollar drones a partir de materiales accesibles y económicos. Esta nueva era de innovación local no solo busca mejorar la logística de entrega, sino también fortalecer la capacidad de las comunidades para monitorear y anticipar riesgos climáticos. Estas iniciativas podrían ser clave para mejorar la resiliencia de los hogares y las comunidades ante la creciente amenaza de fenómenos climáticos extremos.
A nivel internacional, la Organización Meteorológica Mundial está trabajando en la Alianza de Sistemas de Aeronaves No Tripuladas, un esfuerzo por integrar los drones en la red global de observación meteorológica. El objetivo es establecer estándares y formatos de datos para asegurar que la información recolectada por drones sea útil para la predicción del clima. Sin embargo, el éxito de esta iniciativa dependerá de la colaboración entre gobiernos, empresas y comunidades locales. Si se logra establecer un acceso libre a estos datos, especialmente para los actores sin fines de lucro y comunidades rurales, se podría abrir una nueva era en la meteorología africana, con estrategias más precisas y solidarias para enfrentar los retos del cambio climático.











