La electromovilidad en Chile avanza rápidamente como una alternativa clave para combatir las emisiones del sector transporte, un hecho que se ha vuelto cada vez más vital en el contexto del cambio climático. Sin embargo, el crecimiento de esta tendencia trae consigo un nuevo desafío que el país deberá enfrentar en los próximos años: la gestión de las baterías de litio que, tras años de utilidad, comenzarán a dejar de ser aptas para su uso en vehículos eléctricos. El aumento esperado en la cantidad de vehículos eléctricos que serán retirados en la próxima década plantea la necesidad urgente de establecer capacidades técnicas, infraestructuras adecuadas, y protocolos de seguridad que aseguren un manejo apropiado de estos componentes, que, si bien ya no son útiles para automóviles, aún poseen un considerable porcentaje de su capacidad.
La solución a este problema podría estar en la estrategia conocida como «segunda vida» de las baterías. Esta metodología busca reutilizar aquellas baterías que aún mantienen condiciones de funcionamiento óptimas en sistemas de almacenamiento estacionario de energía, conocidos como BESS. Según Domingo Ruiz León, académico de la Universidad de Santiago de Chile, esta práctica no solo permite extender la vida útil de las baterías, sino que también contribuye a la sostenibilidad al aprovechar materiales críticos como litio, níquel, cobalto y cobre, reduciendo así la presión sobre las materias primas y minimizando la generación de residuos peligrosos.
Proyectos como LiBR3 y RebatVE no solo buscan demostrar la viabilidad técnica de esta segunda vida, sino que también se enfocan en el desarrollo de la infraestructura necesaria, protocolos de seguridad y capacidades técnicas para una correcta implementación de estas soluciones. En este sentido, el Dr. Luis Martínez Cerna, Director Ejecutivo de CircularTec, enfatiza que el avance en la electromovilidad en Chile debe ir de la mano con la preparación para gestionar adecuadamente las baterías al final de su vida útil en el transporte. Este enfoque podría representar una significativa oportunidad para el país, promoviendo la economía circular y extendiendo la vida útil de estos activos tecnológicos.
Las aplicaciones potenciales para las baterías reacondicionadas son diversas y abarcan desde su uso en industrias y viviendas, hasta su integración en infraestructura de carga para vehículos eléctricos. Además, se están evaluando usos innovadores como el arbitraje energético, la gestión de redes e incluso la producción de hidrógeno verde. Gonzalo Bustos, líder del grupo Bess y Aplicaciones en LiBR3, aclara que la vida útil adicional de estas baterías en su segunda vida depende en gran medida de la intensidad de su uso, con la posibilidad de extenderse entre 5 y 15 años en condiciones moderadas.
La reutilización de baterías en sistemas de almacenamiento se presenta así como una de las alternativas más prometedoras para prolongar su ciclo de vida antes de su reciclaje. No obstante, el desarrollo de tecnologías diagnósticas, protocolos de seguridad adecuados, modelos de negocio sostenibles y marcos regulatorios claros serán fundamentales para definir el alcance y la eficacia de estas iniciativas en el país. Con una visión a futuro, las inversiones y el estudio en esta área podrían no solo beneficiar al medio ambiente, sino también generar un nuevo flujo de valor económico para Chile.











