El arzobispo de Santiago, Fernando Chomalí, ofreció el jueves una charla magistral en la Universidad del Alba, centrada en el tema «Humanidad y bien común en tiempos de Inteligencia Artificial». Durante su exposición, Chomalí abordó temas fundamentales como el impacto de la tecnología en la educación, en el ámbito laboral y en la capacidad de los individuos para formular preguntas significativas. Su presentación se basó en la comparación de un estudio realizado por tres grupos de estudiantes en Estados Unidos, que utilizaron distintos métodos para investigar un tema relacionado con inteligencia artificial. El grupo que empleó la IA obtuvo mejores resultados iniciales, pero fue el que menos conocimientos adquirió en última instancia, lo que Chomalí utilizó como punto de partida para reflexionar sobre la verdadera naturaleza del aprendizaje en esta era tecnológica.
Chomalí enfatizó que no toda la información obtenida a través de máquinas se traduce en verdadero conocimiento. Según él, el aprendizaje profundo y significativo proviene de la experiencia y de las relaciones humanas. Usó el ejemplo de la distinción entre una piedra y una persona, argumentando que tal conocimiento no se adquiere únicamente a través de datos, sino a través del amor y la interacción con otros seres humanos. «La inteligencia artificial carece de amor», afirmó, subrayando la importancia de las conexiones personales en el proceso educativo, y sugiriendo que la tecnología no puede, ni debe, reemplazar esas experiencias humanas vitales.
Otro punto destacado por Chomalí fue el impacto de la IA en la libertad y el pensamiento crítico de las nuevas generaciones. El arzobispo advirtió que la inmediatez proporcionada por la tecnología podría desalentar a los jóvenes a investigar y formular sus propias preguntas. «La gran preocupación es que la inmediatez de las máquinas apague el deseo de hacer preguntas», afirmó. En este sentido, Chomalí sugirió que las discusiones políticas convencionales podrían quedar obsoletas, ya que el verdadero desafío del futuro será la autonomía y la capacidad de los individuos para ejercer su libertad sin ser manipulados.
Durante la charla, también se mencionó la polémica sobre el chatbot de Joaquín Lavín, diseñado para permitir conversaciones con santos. Chomalí prefirió la experiencia personal de diálogo espiritual sobre la interacción con una máquina, enfatizando que la vivencia de la santidad, como la del Padre Hurtado, es irremplazable. Este comentario llevó a una reflexión más amplia sobre el papel de la experiencia humana en la vida espiritual frente a la IA, destacando la importancia del testimonio personal sobre simples interacciones tecnológicas.
Finalmente, el arzobispo tocó el tema del futuro laboral en un mundo donde la automatización está transformando rápidamente diversos sectores, incluidas las tareas cognitivas. Chomalí alertó sobre la inminente reconversión laboral que podría dejar a muchas personas atrás y propuso que los empresarios tienen una responsabilidad moral que va más allá de conservar empleos, sugiriendo que deben garantizar la empleabilidad de sus trabajadores mediante la formación continua. Pidió a las universidades que se adapten a un mercado laboral en constante evolución, enfatizando que ningún trabajador debería salir de su empleo sin haber adquirido nuevas habilidades que le permitan prosperar en el futuro.











