La lucha contra el calentamiento global no solo se basa en la observación de fenómenos evidentes como incendios forestales o sequías extremas. En el Día de la Acción frente al Calentamiento Global, es crucial plantear una cuestión fundamental que muchas veces se ignora: ¿sobre qué fundamentos estamos tomando decisiones en materia climática? La respuesta se encuentra en la necesidad de una observación científica constante que provea datos confiables. Sin la continuidad de mediciones precisas, nuestra comprensión del clima se reduce a conjeturas, y las políticas resultan ineficaces, dirigidas por diagnósticos erróneos o incompletos. Para avanzar efectivamente, tenemos que basar nuestras acciones en información robusta y no únicamente en reacciones apremiantes a crisis climáticas.
Uno de los pilares en la observación científica del cambio climático es la red de boyas TAO/TRITON en el océano Pacífico tropical. Esta infraestructura, que ha evolucionado a partir del programa TOGA, está diseñada para medir variables cruciales del sistema climático, como la temperatura del mar y los vientos. Su rol es fundamental para comprender fenómenos climáticos globales como El Niño y La Niña, que afectan gravemente el clima en diversas regiones del mundo. La capacidad de monitorear estas condiciones en tiempo real es vital, ya que las transiciones subacuáticas a menudo tienen impactos significativos en la superficie terrestre. A pesar de los avances tecnológicos en la observación satelital, la información directa que proveen estas boyas sigue siendo insustituible.
Chile, a través de iniciativas como Data Observatory, se está sumando a los esfuerzos globales por mejorar la calidad y disponibilidad de datos sobre el clima. Esta organización no solo busca consolidar información sobre temperatura oceánica y cambios en ecosistemas, sino que también busca transformar estos datos en herramientas útiles para la elaboración de políticas públicas y estrategias de inversión en investigación y desarrollo. La relevancia de contar con datos de calidad es innegable; representa no solo un recurso para la comunidad científica, sino una inversión en el futuro que puede guiar decisiones vitales en un contexto de cambio climático.
No obstante, el avance en la observación del clima enfrenta un desafío crítico: la dependencia del financiamiento público y de la voluntad política. La operatividad de programas como TAO/TRITON ha estado históricamente ligada a agencias de renombre como la NOAA de Estados Unidos, pero actualmente se vislumbran amenazas que ponen en riesgo su sostenibilidad. Presupuestos restrictivos, cambios en las prioridades gubernamentales y una disminución en la disposición para financiar observaciones científicas son señales preocupantes que podrían menoscabar décadas de avances en la recopilación de datos climáticos.
La erosión de la infraestructura de observación climática es un proceso silencioso, que no se manifiesta de la noche a la mañana. Es fundamental actuar más allá del debate sobre metas de largo plazo o la reacción ante desastres inmediatos. Se requiere un compromiso firme para proteger la infraestructura de datos críticos que nos permite anticipar y evaluar riesgos climáticos. En Chile, este reto se convierte en una cuestión de cooperación institucional y esfuerzo sostenido para asegurar que la observación climática se mantenga robusta, convirtiéndose en una acción decisiva, aunque a menudo pasa desapercibida, en la lucha contra el calentamiento global.











