Santiago, octubre de 2026.- En un mundo cada vez más sediento, el Banco Mundial ha arrojado luz sobre el crucial papel del sector agroalimentario en el consumo de agua, aludiendo que hasta un 70% del agua global se destina a este sector. Esto convierte a la agroindustria no solo en el mayor consumidor de este recurso vital, sino también en la industria con el mayor potencial para optimizar su uso. Según datos recientes, en América Latina se pierde un alarmante 45% del agua antes de llegar al consumidor, debido a fugas y ineficiencias en el sistema. Este escenario es insostenible, especialmente con la expectativa de que la población de la región aumente de 625 a 750 millones de habitantes para el año 2030, elevando así la demanda de alimentos, sobre todo de origen animal. Sin embargo, expertos como Diego Varrá de Ecolab argumentan que la solución no radica en incrementar la disponibilidad de agua, sino en su uso más eficiente a través de la tecnología.
Varrá, quien se desempeña como VP de Área Latinoamérica Sur y Central en Food & Beverage, enfatiza que el crecimiento en la producción no debe correlacionarse obligatoriamente con un aumento en el consumo de agua. «La tecnología actual nos permite desacoplar ambas curvas. Aquellas plantas que están implementando sistemas de monitoreo en tiempo real han logrado no solo reducir su consumo de agua, sino también aumentar su rentabilidad y resiliencia frente a la escasez», comentó. Este enfoque, lejos de ser una opción, se ha convertido en una necesidad para las industrias que buscan adaptarse a las nuevas realidades hídricas y a la demanda de eficiencia de sus operaciones.
Uno de los principales desafíos que enfrenta la industria es dejar de operar a ciegas. Varrá subraya que «no se puede optimizar lo que no se mide», señalando que la implementación de sistemas de monitoreo permite identificar puntos críticos donde se pierde agua. «Al tener visibilidad sobre el consumo y la pérdida de agua, las plantas pueden implementar intervenciones precisas, al mismo tiempo que establecen metas concretas de ahorro», añadió. Este cambio de paradigma, centrado en la medición y la visibilidad, es esencial para abordar de manera efectiva la crisis hídrica que afecta a la región.
Además, Varrá critico la idea errónea de que la conservación del agua compromete la inocuidad de los alimentos. «Las tecnologías actuales permiten la reutilización del agua en procesos como la limpieza y sanitización sin poner en riesgo los estándares de calidad. La inocuidad y la eficiencia hídrica no deben considerarse opuestas, ya que están intrínsecamente ligadas hacia la producción sostenible», afirmó. Este esclarecimiento es vital para que la industria transforme sus prácticas y adopte un enfoque más integral, donde la seguridad alimentaria y la gestión del agua sean dos caras de la misma moneda.
Finalmente, Varrá destaca que el desafío hídrico va más allá de las plantas procesadoras y se extiende a la cadena de suministro agrícola. «Las empresas que están teniendo éxito son aquellas que trabajan junto a sus proveedores, fomentando la eficiencia hídrica desde la base y no solo en su propia producción», explicó. Con el 83% de los latinoamericanos declarando que la reducción, reutilización y reciclaje del agua son cruciales para la sostenibilidad, las empresas están ante la oportunidad de adelantarse a las demandas de un consumidor cada vez más concienciado con el medio ambiente. La sostenibilidad hídrica ha dejado de ser un mero requisito reputacional para convertirse en un elemento crítico de continuidad en los negocios.











