Chile se encuentra a la vanguardia en la adopción de tecnologías de desalación y reúso de agua, lo que ha permitido al país fortalecer su seguridad hídrica en un contexto de creciente demanda y cambio climático. Hasta la fecha, el país opera 32 plantas desaladoras y sistemas de impulsión de agua de mar, siendo las ciudades de Antofagasta y Mejillones ejemplos emblemáticos al abastecerse completamente de agua desalada. Según un catastro realizado por la Comisión de Barreras al Cambio (CBC) y la Asociación Chilena de Desalación (ACADES), hay en carpeta 51 proyectos con inversiones que superan los 24.000 millones de dólares, lo que refleja un compromiso sólido con tecnologías sostenibles que respeten el medio ambiente y fomenten el cuidado del ecosistema.
Chile también destaca por su integración de energías renovables en el proceso de desalación. El país cuenta con uno de los mayores potenciales en energías renovables del mundo, lo que presenta una oportunidad única para desarrollar modelos de desalación más limpios y eficientes. Un ejemplo de esto es la planta desaladora de Nueva Atacama, en Caldera, que se erige como la más moderna y eficiente al consumir solo 2,81 Kwh/m3, gracias a la tecnología de ósmosis inversa. Asimismo, el proyecto de Aguas Pacífico en la zona central de Chile se convertirá en la primera planta multipropósito de este tipo que operará con energía 100% renovable, lo cual representa un avance significativo hacia soluciones más sostenibles en la gestión del agua.
A nivel internacional, la experiencia de países como Israel ofrece valiosas lecciones sobre la gestión eficiente de recursos hídricos a través de tecnologías de desalación. Israel ha implementado un plan nacional que ha permitido una expansión continua de su capacidad desaladora mediante licitaciones competitivas. El CEO de IDE Technologies en Chile, Eduardo Silva, destaca que el continuo avance en eficiencia ha reducido significativamente los costos de producción de agua desalada. En este sentido, la compañía aplica metodologías de Evaluación de Ciclo de Vida para minimizar su huella de carbono y optimizar el proceso. Esta experiencia sugiere que la innovación y la sostenibilidad son claves para un abastecimiento hídrico eficiente.
Además de Israel, otros países como España, Australia y Singapur han adoptado enfoques similares, combinando desalación y reúso de aguas tratadas para combatir el estrés hídrico. España, en particular, cuenta con un sistema consolidado que ha permitido que el 98% de sus aguas tratadas sean reutilizadas en regiones como Murcia. En paralelo, Australia y Singapur han avanzado en la incorporación de energías renovables y tecnologías de monitoreo ambiental, fortaleciendo su disponibilidad de agua a través de modelos sostenibles. Proyectos como Hassyan en los Emiratos Árabes Unidos, que será la mayor desaladora del mundo operada con energía solar, subrayan la importancia de la innovación tecnológica y regulaciones adecuadas en la gestión del agua.
El futuro de la desalación sostenible en Chile se presenta prometedor, especialmente con la integración de fuentes renovables y el desarrollo de sistemas adaptativos en el proceso. Silva enfatiza que la capacidad de las plantas desaladoras para operar de manera dinámica, ajustándose a la disponibilidad de energía renovable, es crucial para transformar la escasez hídrica en una oportunidad. Con ello, Chile podría establecer sistemas de abastecimiento de agua resilientes y sostenibles. Espacios de diálogo, como el próximo Congreso ACADES, serán fundamentales para profundizar en estas discusiones y para compartir experiencias internacionales, permitiendo seguir avanzando hacia una desalación cada vez más sostenible.











