El proyecto «Parque Fotovoltaico Radal Solar» ha dado un paso significativo hacia la sostenibilidad energética del país al ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEA). Con una inversión estimada de 500 millones de dólares y una proyección de vida útil de 40 años, esta iniciativa busca impulsar la descarbonización de la matriz energética chilena. Se espera que la planta, que tendrá una potencia nominal de 200 MW, contribuya al aumento de la participación de energías renovables no convencionales (ERNC), priorizando así un futuro más limpio y sostenible.
Ubicado entre las regiones de Valparaíso y Metropolitana, el parque fotovoltaico se extiende por tres comunas: Cartagena, San Antonio y Melipilla. La instalación comprenderá 421.120 paneles solares montados sobre seguidores horizontales de un eje, distribuidos a lo largo de 15 áreas. En particular, las zonas 10 y 11 estarán destinadas al sistema de almacenamiento con baterías (BESS) y a la subestación eléctrica. Este diseño innovador no solo maximiza la eficiencia de la captación solar, sino que también permitirá almacenar energía para su uso posterior, mejorando la estabilidad del sistema eléctrico.
La construcción incluirá una línea de transmisión de alta tensión de 220 kV, que se extenderá aproximadamente 29,5 kilómetros. Este componente crucial contará con 76 torres que transportarán la energía generada hasta la subestación Alto Melipilla, integrándose al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Esta interconexión es vital para asegurar que la energía producida sea distribuida eficazmente y ayude a satisfacer la demanda de electricidad en el país.
El desarrollo del «Parque Fotovoltaico Radal Solar» también contempla la mejora de la infraestructura vial, con caminos de acceso que permitirán la facilidad de conexión a las rutas G-950, G-952 y G-956, bajo la supervisión del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Esta parte del proyecto no solo facilita la construcción, sino que también contribuirá al desarrollo económico de las comunidades locales, gracias a la generación de empleo y actividades de soporte durante la fase de implementación.
Con la ejecución del proyecto programada para comenzar en enero de 2027, las expectativas son altas en cuanto a su impacto ambiental y social. La transición a fuentes renovables en la matriz energética chilena es un paso decisivo hacia la sostenibilidad y la reducción de la dependencia de combustibles fósiles, reforzando así el compromiso del país con los objetivos globales de cambio climático y el desarrollo sustentable.











