La reciente elección de Donald Trump ha tenido un impacto profundo en los compromisos internacionales de Estados Unidos, generando una importante desestabilización en los esfuerzos globales por abordar el cambio climático y proteger la biodiversidad. A medida que se aproxima la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el océano (Unoc 3), prevista para junio de 2025 en Niza, se vuelve imperativo analizar cómo las políticas impulsadas por la administración Trump repercuten en la conservación de la biodiversidad a nivel global, con un enfoque particular en su influencia en Europa y más allá.
La decisión de Estados Unidos de retirarse del Acuerdo de París ha marcado un punto de inflexión en la cooperación internacional. Además, las políticas pro-fósiles implementadas por Trump, como la autorización para la explotación minera en los grandes fondos marinos, han debilitado notablemente los esfuerzos colectivos. Estas elecciones han generado un entorno desfavorable que complica la movilización de recursos necesarios para iniciativas cruciales, como el Marco Mundial de la Biodiversidad de Kunming-Montreal, diseñado para proteger el 30% de las áreas naturales del planeta.
La reciente COP 16 sobre biodiversidad, celebrada en Cali, Colombia, a finales de 2024, se propuso reforzar la cooperación internacional en medio de las tensiones políticas causadas por Trump. A pesar de estas adversidades, el encuentro logró establecer un acuerdo sobre las fundamentales líneas de financiación destinadas a apoyar iniciativas de conservación, que se implementarán a lo largo de cinco años. Sin embargo, la comunidad internacional sigue mostrando preocupación acerca de la capacidad de estas iniciativas para cumplir con sus objetivos para 2030, cuestionando la efectividad de los compromisos adquiridos.
El Pacto Verde Europeo ha tenido que adaptarse frente a las políticas estadounidenses, revisando su enfoque ante las decisiones que favorecen a las energías fósiles. En respuesta, el marco regulatorio de la Unión Europea ha buscado ser más flexible, apoyando una transición hacia energías renovables. Sin embargo, la flexibilización de las directrices ambientales en Europa también ha suscitado inquietudes sobre la viabilidad a largo plazo de las políticas de protección de la biodiversidad, ya que una regulación ambiental laxa podría poner en riesgo los logros alcanzados en la conservación de ecosistemas.
Con la Conferencia de Niza a la vista, la comunidad internacional enfrenta un momento crucial para reforzar la gobernanza ambiental y asegurar que la conservación de la biodiversidad no sea sacrificada por intereses económicos a corto plazo. Los resultados de las discusiones que se lleven a cabo en este foro determinarán el futuro de la lucha por la biodiversidad, además de su integración efectiva en las políticas medioambientales tanto a nivel europeo como global, reafirmando la necesidad urgente de actuar ante las amenazas ambientales.











