La capacidad de una batería puede estar al 100%, pero esto no garantiza que conserve su rendimiento original. En el mundo de las baterías, el State of Health (SoH) o estado de salud se ha convertido en un indicador crucial para evaluar la condición de estas unidades, especialmente tras un uso prolongado. Mientras que el State of Charge (SoC) muestra cuánta energía está disponible en un momento determinado, el SoH ofrece una visión más amplia de la degradación de la batería. Esta información es esencial en el caso de baterías de vehículos eléctricos, ya que la pérdida de capacidad puede comprometer la autonomía y potencia requeridas para su funcionamiento, llevando a una situación en que dichas baterías ya no cumplen las expectativas del usuario.
En este contexto, el proyecto de investigación LiBR3, liderado por CircularTec y respaldado por Corfo, surge como una iniciativa clave para abordar el futuro de las baterías usadas de vehículos eléctricos. El Dr. Luis Martínez Cerna, director ejecutivo de CircularTec, enfatiza la importancia de comprender que el ciclo de vida de una batería no termina al ser retirada de un vehículo. Según Martínez, «debemos preguntarnos cuánto valor podemos recuperar de estas baterías y en qué condiciones pueden seguir siendo utilizadas de forma segura». Así, LiBR3 busca crear conocimiento técnico que permita tomar decisiones informadas y efectivas en la gestión de estos recursos.
El estado de salud de una batería no es un indicador aislado; múltiples aspectos como la frecuencia de ciclos de carga y descarga, la temperatura a la que operan, y las condiciones ambientales influyen en su comportamiento. Mauricio Retamales, director del proyecto LiBR3, subraya que es crucial analizar cómo se ha comportado la batería a lo largo de su vida para determinar si es apta para un segundo uso. «No basta con mirar el SoH, hay que evaluar completamente el rendimiento, la seguridad y la efectividad de la batería en su nueva función», explica Retamales, aludiendo a uno de los objetivos de LiBR3: crear protocolos confiables para la evaluación sistemática de estas unidades.
El proceso de dar una segunda vida a una batería implica más que simplemente transferirla de un vehículo a otra aplicación; requiere una serie de pruebas rigurosas para garantizar su viabilidad. Marcos Falcone, líder de protocolos del proyecto, señala que la implementación de protocolos es vital para asegurar que las evaluaciones sean consistentes y comparables. «Las metodologías existentes a nivel internacional son un punto de partida, pero debemos adaptarlas a las características específicas de las baterías en Chile y las capacidades de nuestros laboratorios», resalta Falcone, enfatizando la necesidad de una investigación local que respalde estas decisiones.
Dar un siguiente paso hacia la reutilización de baterías de litio requiere más que solo consideraciones técnicas; es esencial fundamentar estas decisiones en evidencia sólida. En este sentido, la disponibilidad de criterios claros y la comprensión profunda de las realidades nacionales se vuelven cruciales. Enfrentar el desafío del crecimiento de la electromovilidad en Chile implica no solo la innovación tecnológica, sino también la adopción de estrategias sostenibles que aprovechen al máximo los recursos disponibles. El desarrollo de iniciativas como LiBR3 es fundamental para asegurar que estas transiciones sean sostenibles y eficazmente gestionadas.











